El estrés moderno supera la capacidad humana de adaptación, concluye estudio
Por 8 Diciembre, 2025Un estudio reciente publicado en Biological Reviews advierte que la biología humana no está preparada para enfrentar las presiones del mundo moderno. Los antropólogos Colin Shaw y Daniel Longman señalan que nuestros cuerpos evolucionaron para responder a amenazas breves, no a la exposición constante a estímulos, ruido, contaminación y demandas sociales aceleradas.
Un sistema de estrés diseñado para emergencias
Shaw explicó que las respuestas fisiológicas surgieron para enfrentar peligros inmediatos, como depredadores, que aparecían y desaparecían rápidamente. Hoy, en cambio, situaciones cotidianas como el tráfico, las notificaciones del celular, los conflictos laborales o incluso el ruido urbano activan los mismos mecanismos biológicos.
Longman describió este fenómeno como “enfrentar león tras león, pero sin recuperación”, lo cual mantiene el sistema de estrés encendido todo el tiempo. La activación permanente genera agotamiento, tensión excesiva y falta de descanso profundo, elementos que afectan directamente la salud general.
El estudio identifica al estrés crónico como un factor que afecta la aptitud evolutiva, debido a que compromete elementos como la salud, la fertilidad y la capacidad de supervivencia. Los investigadores lo relacionan con inflamación persistente, disminución global en la fertilidad, baja calidad de esperma y alteraciones hormonales e inmunológicas.
Longman destacó que la evidencia resulta “fuerte y consistente”, pues coincide a través de diversas disciplinas, desde análisis fisiológicos hasta estudios poblacionales y epidemiológicos.
Deterioro de funciones esenciales
Las respuestas biológicas asociadas al estrés, pensadas para funcionar solo en emergencias, hoy operan sin interrupción. Esto deteriora funciones como la memoria, el balance hormonal y el sistema inmune. Además, los autores subrayan que el conteo de esperma ha disminuido de forma dramática desde los años cincuenta, una tendencia vinculada a pesticidas, microplásticos y nuevas sustancias químicas que han inundado el ambiente.
Longman advirtió que este desajuste evolutivo crece cada año, impulsado por la Gran Aceleración del siglo XX. Urbanización, ruido, luz artificial, contaminación y exposición química se combinan con un nuevo factor: la conexión digital continua. Redes sociales, notificaciones, exceso de información e interacciones mediadas por inteligencia artificial amplifican la activación del sistema de estrés.
Los autores proponen integrar principios de fisiología humana en el diseño urbano y laboral. Antes de concluir, Longman enfatizó que no existen soluciones rápidas: “No se trata solo de recomendar más contacto con la naturaleza. Es un problema estructural profundo que implica rediseñar cómo vivimos”.
Con información de Newsweek
*ARD
