De la delgadez al músculo: el nuevo mandato del cuerpo femenino
Por 3 Noviembre, 2025En una sociedad que afirma haber superado la presión estética, surge una nueva forma de exigencia: la del cuerpo musculado y disciplinado. Bajo el lema de “cuidarse”, miles de mujeres documentan sus rutinas de entrenamiento y su dieta proteica, convencidas de que el bienestar físico equivale a la plenitud emocional.
El fenómeno no es menor. Las redes sociales han convertido la superación personal en una competencia colectiva donde el éxito se mide en definición abdominal y fuerza física. La cultura fit se ha transformado en un espejo donde se refleja una versión modernizada del viejo control sobre el cuerpo femenino.
El sacrificio como virtud moderna
Renunciar a placeres simples, como una cerveza o una cena con amigos, se celebra como muestra de voluntad y empoderamiento. Este discurso convierte el sacrificio en virtud, y la privación en sinónimo de disciplina. Sin embargo, esta aparente liberación encubre la misma lógica que alimentó los trastornos alimentarios de principios de siglo.
Antes se idealizaba la delgadez extrema; hoy se glorifica la fortaleza física. En ambos casos, el cuerpo sigue siendo territorio de vigilancia y corrección.
Salud o obsesión encubierta
El auge de la nutrición restrictiva y las rutinas de entrenamiento intensivo plantea una pregunta esencial: ¿dónde termina el autocuidado y dónde empieza la autoexigencia? Las escritoras Naiez Yeah y Núria Busquet coinciden en que la obsesión por mejorar el cuerpo se ha convertido en una forma moderna de negación del yo físico, sostenida por la industria del bienestar y la estética.
Incluso los discursos “positivos” en redes reproducen modelos inalcanzables: cuerpos perfectamente tonificados que requieren vigilancia constante y sacrificio continuo.
La trampa del bienestar absoluto
El problema no está en cuidar la salud, sino en reducirla a una cuestión de rendimiento corporal. Esta tendencia, aunque parezca saludable, impone una moral del esfuerzo perpetuo que deja fuera a quienes no pueden —o no quieren— vivir bajo la lógica del gimnasio y la dieta perfecta.
El ideal del cuerpo fuerte reemplazó al cuerpo delgado, pero no eliminó la opresión. Cambió su forma y su lenguaje, manteniendo intacta la presión de ser “perfecta”.
Con información de El País
*ARD
