Científicos identifican el “interruptor” cerebral del dolor crónico: una nueva ruta para curarlo
Por 10 Octubre, 2025Investigadores de la Universidad de Pensilvania descubrieron un grupo de neuronas que permanecen activas mucho después de una lesión física, abriendo el camino a tratamientos capaces de apagar el dolor crónico desde el cerebro. Este avance, publicado en Nature, podría transformar la medicina del dolor a nivel global.
El epicentro del dolor persistente
El equipo liderado por Nicholas Betley se enfocó en el núcleo parabranquial, una zona cerebral clave en la comunicación entre el cuerpo y la mente. En sus experimentos con ratones, observaron que estas neuronas continúan activas tras una herida y prolongan la sensación de sufrimiento aun sin estímulos externos.
Cuando las neuronas eran desactivadas, el dolor crónico disminuía, mientras que las respuestas de dolor agudo permanecían intactas. Este hallazgo sugiere que el cerebro puede mantener o apagar el sufrimiento de manera independiente al daño físico.
Neuropeptido Y: la molécula que apaga el dolor
El estudio reveló que el neuropéptido Y tiene un papel decisivo en la modulación del dolor persistente. Cuando el cerebro prioriza la supervivencia, esta molécula se libera para inhibir las neuronas del dolor, lo que explica por qué en situaciones extremas las personas pueden soportar heridas sin percibir el sufrimiento.
El fenómeno muestra la plasticidad del dolor: la capacidad del cerebro de reconfigurar la percepción del sufrimiento según el contexto. Este avance podría aclarar por qué algunos pacientes desarrollan dolor crónico incluso después de años de haber sanado físicamente.
Implicaciones médicas
Si los resultados se confirman en humanos, podrían surgir nuevas terapias basadas en la modulación neuronal. Además, los investigadores plantean que la actividad de estas neuronas podría funcionar como un biomarcador para diagnosticar el dolor crónico de manera objetiva, un paso que cambiaría la práctica médica actual.
Finalmente, este descubrimiento refuerza la idea de que el cerebro no solo percibe el dolor, sino que también lo crea y lo puede detener. La neurociencia abre así un horizonte terapéutico para millones de personas que conviven con este mal invisible.
Con información de nationalgeographic
*ARD
