La onicofagia y su impacto oculto: por qué morderse las UÑAS es más común de lo que imaginas
Por 20 Noviembre, 2025Aunque los datos científicos sobre cuántas personas se muerden las uñas aún son limitados, la cifra estimada por el estudio publicado en Journal of Dermatological Treatment en 2017 revela que entre el 20% y el 30% de la población presenta onicofagia crónica. Además, cuando este comportamiento ocurre de manera ocasional, alcanza hasta 44%, lo que lo convierte en uno de los hábitos más extendidos del mundo. A pesar de ello, las uñas mordidas casi no aparecen en redes sociales ni en el mundo del entretenimiento.
Además, este patrón se manifiesta con mayor frecuencia en niños y jóvenes. Específicamente, el 37% de los casos se concentra entre los tres y los 21 años. Mientras tanto, el 21.5% corresponde a adultos jóvenes de 18 a 35 años. Sin embargo, este comportamiento parece invisible en los escenarios donde predominan la estética y la perfección visual.
Por qué no vemos uñas mordidas en los medios ni en redes sociales
Aunque podría parecer una cuestión de algoritmo, la ausencia de uñas mordidas en redes sociales, pasarelas, películas y alfombras rojas responde a algo más profundo. En estos espacios se prioriza una imagen aspiracional que exalta manos impecables, cutículas simétricas y uñas perfectamente pulidas. Las manos, al igual que el rostro, se consideran una carta de presentación.
Isabel Auernheimer, jefa de maquillaje y peluquería en cine y televisión, explica que las manos son una extensión del rostro y que los primeros planos requieren perfección. Por ello, en producciones audiovisuales existen manicuristas especializados y, en muchos casos, se recurre a dobles de manos. Incluso las modelos publicitarias, aunque tengan manicuras impecables, no siempre cumplen con el nivel de detalle necesario para las tomas de alta definición.
Por lo tanto, aunque muchas personas viven con uñas dañadas por la onicofagia, el mundo del entretenimiento rara vez muestra esta realidad. Esto contribuye a reforzar el estigma y crea la percepción errónea de que prácticamente nadie se muerde las uñas.
Qué hay detrás del hábito de morderse las uñas
El Dr. Jon Andoni Duñabeitia aclara que la onicofagia no debe interpretarse como falta de autocontrol. Más bien, forma parte de las conductas repetitivas centradas en el cuerpo, que funcionan como un mecanismo para regular estados internos como el estrés, la frustración, el aburrimiento o incluso la tensión emocional previa a un reto.
Además, la ciencia ha demostrado que este comportamiento tiene un componente genético. Estudios con gemelos revelan que la predisposición a la onicofagia puede heredarse, lo que derriba la idea de que se trata de una conducta motivada únicamente por nerviosismo.
A nivel psicológico, las personas con este hábito suelen presentar:
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Tendencia al perfeccionismo
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Baja tolerancia a la frustración
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Patrones automáticos de conducta
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Mayor sensibilidad emocional
Asimismo, investigaciones recientes muestran que quienes se muerden las uñas pueden puntuar más bajo en amabilidad y mostrar menos conductas prosociales. Sin embargo, esto no significa que sean menos empáticos o solidarios, sino que viven un conflicto emocional interno que puede manifestarse de esta manera.
Las consecuencias físicas de la onicofagia
Desde el punto de vista dermatológico, la onicofagia puede tener efectos más severos de lo que se cree. La dermatóloga Esther Jiménez, del GEDET y del Hospital Universitario de Guadalajara, detalla que este hábito puede causar:
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Deformación permanente de las uñas
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Infecciones bacterianas como panadizos
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Verrugas virales
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Lesiones en la piel periungueal
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Daños dentarios por la fricción constante
Además, el aspecto de las manos puede generar vergüenza y limitar las interacciones sociales o profesionales, especialmente en contextos donde la imagen personal tiene mayor peso.
Tomar conciencia: el paso inicial para dejar de morderse las uñas
Aneela Idnani, fundadora de HabitAware y creadora de BFRB Changemakers, vivió durante más de dos décadas con un trastorno repetitivo sin que nadie lo notara. Según explica, estas conductas no son autolesiones intencionales. Su objetivo es autoaliviar tensiones internas, por lo que la fuerza de voluntad rara vez funciona para eliminarlas.
La clave, asegura, está en reconocer el comportamiento. Una vez que la persona toma conciencia de cuándo y por qué se muerde las uñas, puede comenzar a modificar el patrón. Con esta idea en mente, desarrolló la pulsera Keen2, que utiliza sensores para detectar el movimiento y vibra de forma discreta para avisar que el hábito está ocurriendo.
El entrenamiento en reversión del hábito: la técnica con mayor evidencia
Para el Dr. Duñabeitia, el método más eficaz para dejar de morderse las uñas es el entrenamiento en reversión del hábito, una técnica psicológica que se basa en sustituir la conducta por otra incompatible. Entre sus componentes se encuentran:
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Identificar el momento y la emoción que desencadenan el hábito
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Realizar una acción alternativa, como cerrar el puño durante un minuto
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Practicar ejercicios de relajación
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Recibir apoyo del entorno
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Aplicar la técnica en diferentes situaciones
A diferencia de los remedios caseros, este entrenamiento se apoya en estudios clínicos que demuestran su efectividad a largo plazo.
Cuidados estéticos que ayudan a reducir el hábito
Lina Paola Valderrama, experta en tendencias de Masglo, explica que la onicofagia puede ser leve, moderada o severa. Para apoyar el proceso de recuperación, recomienda:
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Mantener las uñas cortas
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Limar cuidadosamente los bordes
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Eliminar padrastros
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Aplicar aceites nutritivos
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Usar esmaltes fortalecedores
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Probar esmaltes amargos para evitar el impulso
Xenia García, directora del centro Cinc Estética, señala que hacerse manicura periódica puede contribuir a disminuir el hábito siempre que no existan infecciones. Sin embargo, la dermatóloga Jiménez advierte que las uñas de gel no siempre funcionan, ya que muchas personas terminan mordiéndolas también.
Por qué es importante normalizar la conversación
Finalmente, la visibilidad juega un papel decisivo para romper el estigma. Idnani asegura que ver más personas con uñas mordidas en redes o en el entretenimiento generaría un cambio significativo. Así como ha ocurrido con la ansiedad y la depresión gracias a testimonios públicos, hablar abiertamente de la onicofagia permitiría que muchas personas comprendieran que no están solas y que existen tratamientos efectivos.
Con información de El País
*ARD
